Press "Enter" to skip to content

La decadencia sexual de un escritor como metáfora de su propia literatura

Null Island es ese lugar imaginario situado en el Golfo de Guinea al que el buscador de Google Maps nos remite cuando introducimos unas coordenadas erróneas. Cero grados latitud Norte (y Sur) y cero grados longitud Este (y Oeste). Algo así como el origen de coordenadas de la superficie terrestre. Pero Null Island también puede ser la provincia de Soria. O un sexo impotente.

Un hombre pierde repentinamente su capacidad de erección. Un escritor. Lo que sucede a partir de ese momento adquiere tintes casi de inquisición policial. No se trata de buscar a un culpable sino de poner en relación ese hecho fatídico con otras claves de su existencia: su relación de pareja, su modo de mirar el mundo, pero también la literatura. Se empeña el escritor en concebir una novela sin personajes, y en esa renuncia a la épica resida tal vez la causa de su impotencia. O en algo más prosaico: la rutina, la edad; en fin, la falta de deseo. Aunque quizás se confunda la causa con el efecto. Nunca supimos qué vino antes, si el huevo o la gallina. Mientras tanto el narrador confiesa lo inconfesable, gozando de esa libertad absoluta que consiste en prescindir de todo secreto. ¿Libertad, hemos dicho? ¿No será acaso la transparencia la última de nuestras tiranías?

Javier Moreno salta en estas páginas de un territorio a otro, de lo psicológico a lo sociológico, de la idea fulgurante a la emoción, con la habilidad de un prestidigitador, con la brillantez y la clarividencia a la que nos tiene acostumbrados. Incómodo a veces, siempre lúcido, nos ofrece en esta novela un espejo quebrado que todavía acierta a reflejarnos.

Más claves sobre el libro

Null Island es una ficción que pudiera parecer autoficción y viceversa, una novela que habla de la decadencia sexual de un hombre como metáfora tal vez de la de la propia literatura. Hay en Null Island un mar de fondo que a veces aflora a la superficie de la página y que podría resumirse en una pregunta, y en una respuesta a modo de hipótesis: ¿cuánto de sexual hay en la narración, en todas ellas? ¿No es toda narración convencional, con su estructura de principio-nudo-desenlace, sus juegos retóricos, con su gratificación siempre demorada, una metáfora idealizada del sexo? 

Null Island no deja indemne al lector. Porque habla de un mundo que es el suyo y plantea interrogantes difíciles de soslayar. Hay psicología, pero también sociología en esta novela. Comparecen en sus páginas la problemática de las redes sociales, de la intimidad… ¿Hasta qué punto es necesario el secreto? ¿Es tolerable la transparencia absoluta? ¿A quién interesa esa transparencia? 

• Tal vez Null Island pueda incluirse en el género confesional, pero serían estas unas confesiones al estilo de San Agustín o de Rousseau, unas confesiones por tanto que sirven para retratar no solo a un hombre sino a un tiempo y una manera de entender ese tiempo. Lo colectivo es tan importante en esta novela como lo individual, una colectividad que rebasa lo humano para aproximarse a las cosas. He aquí otra pregunta que subyace a lo largo y ancho del libro: ¿Y si, sin darnos cuenta, estuviésemos asistiendo a un cambio de paradigma? ¿Y si las cosas hubiesen empezado a cobrar tanta o más importancia que las personas? ¿Es posible escribir una novela absolutamente democrática? La impotencia como metáfora de un querer y no poder, o todo lo contrario, ya no poder nada en concreto para poderlo todo. 

• Hay en esta novela una épica de lo minúsculo, de lo aparentemente intrascendente (el personaje se define en alguna de sus páginas como un anti-Cid). Hay viajes físicos, pero sobre todo imaginarios. Y, por supuesto, una historia de amor; varias, de hecho. Historias que parecen repetirse, reflejos de un mismo acontecimiento deformado en esa casa de los espejos que es la literatura. 

• ¿Y si el protagonista de esta novela padeciese en realidad de un exceso de posibilidad? Porque esa es la enfermedad de un escritor que no se conforma con escribir una sola historia sino que quiere escribirlas todas. ¿Podría ser la impotencia el -indeseable- efecto secundario del exceso de posibilidad? ¿Y si esa fuera en realidad la enfermedad de nuestro tiempo?

Fragmento de Null Island

Comments are closed.